Al Mundo le Preocupa que Trump llegue a la Casa Blanca

Por: Pascual Raúl Zárate Gil.
Aquí Puebla, desde Londres. 10 marzo 2016. Durante los últimos años se ha criticado fuertemente a los líderes populistas, algunos de los cuales se creen o pretenden aparecer mesiánicos. Equívocamente se ha señalado que todos aquéllos líderes populistas subyacen en las izquierdas partidarias. Estados Unidos ha sido de los primeros países que se ha opuesto a los gobiernos llamados populistas de izquierda, en el pasado llamados comunistas, sobre todo en la anterior guerra fría que protagonizaron Estados Unidos y Rusia, la cual concluyó ganando Estados Unidos, imponiéndose a nivel global como ideología única la globalización neoliberal capitalista, que ahora sigue condenando el populismo, queriéndonos hacer creer que es exclusivo del pasado o de las nuevas izquierdas, como las que imperan en Venezuela, Ecuador, Bolivia y el castigado Brasil. El caso de Argentina se salió de ese ismo con la llegada del derechista Macri.

No puede desconocerse que aquellas promisorias figuras políticas de izquierda que parecían comprender al pueblo finalmente fracasaron porque las condiciones imperantes y el mismo sistema económico capitalista se los impidieron. Algunos de ellos alcanzaron la gloria popular aunque tuvieron que convertirse en verdaderos caudillos, en dictadores y próceres como lo ha sido Fidel Castro Ruz o el malogrado régimen de Hugo Chávez a la cabeza, cuyo distintivo fue haberse enfrenado contra viento y marea a otra dictadura mundial disfrazada de democracia, la dictadura global yankee. Argentina se acercó a Rusia e inmediatamente el cambio de los Kitchner, tachados de populistas de izquierda como el caso de Lula Da Silva y de Dilma Ruseuf en Brasil hostigados y perseguidos por la justicia por enriquecimiento ilícito y corrupción, cuando hay tantos casos de gobiernos supra corruptos que jamás son señalados ni reciben castigo alguno. Cuando su verdadero pecado es haber hecho gobiernos a favor del pueblo y de las mayorías.

Al populismo se la tacha de un retroceso tanto democrático como económico, y se le ve y trata con desprecio para designar a las corrientes políticas y económicas progresistas que apuntan al cambio en un sistema globalizado que sólo ha propiciado el amasamiento de la riqueza en unas cuantas manos y propagado la pobreza entre las grandes mayorías.

Irónico resulta ahora que en el país donde mas se oponen a este paradigma del populismo, haya surgido un fenómeno tan marcada y acabadamente populista como el de Donald Trump que engaña con espejismos a los votantes republicanos. El candidato mas acabadamente populista, no el más apto y mucho menos el que cumple con el perfil de cualquier de candidato a la Casa Blanca. Se ha ganado el apoyo de tantos votantes, a tal grado que ha provocado preocupación incluso entre los mismos republicanos.

Personajes como Mitt Romney, el ex presidente George Bush, el vicepresidente Biden, Barack Obama y el mismo Papa Francisco, la declinación de Bloomberg, se han manifestado en contra de este fenómeno TROMPAZO, el que le espera a los votantes estadunidenses si siguen apoyándole y con ellos a los migrantes mexicanos y a todo el mundo. Un “Fascista xenófobo”, diría el actor George Clooney; y el doctor Werner Voight lo tacharía de un “nuevo Hitler”.

Donald Trump es la consecuencia de hechos infalibles. Uno de ello el fracaso de los partidos tradicionales, por lo cual surgen nuevos movimientos o partidos que promueven la creación de nuevas soluciones a problemas viejos que en ocasiones intentan resolver los problemas de manera insólitamente populista como lo hace Trump inventando y levantando muros de la ignominia que separan a los pueblos. Otro motivo es la marcada división de clases en todo el mundo, sin excluir al vecino del norte.

El hartazgo al sistema económico que ha llevado la extra polarización social, ha generado un resentimiento de odio y recelo a lo distinto, a lo que no sienten suyo, potencializado por hechos como el 9-11, hasta la reciente crisis que dejó claro para quienes gobiernan los gobiernos. Cuando fallan las elites políticas, económicas, religiosas de la manera en que fallan en muchos países, eso explica porqué algunos sectores de la población ven en este tipo de líderes falsas salidas a la problemática actual, salidas que son un verdadero salto al vació, un suicidio no una solución. Es el fracaso moral de las elites políticas y empresariales y financieras el que crea la aparición de este género de locuaces populistas.

Donald Trump se ha dado el lujo de capitalizar su escasa inteligencia hasta convertirse en un gran promotor moderno del racismo y del caos. Su discurso va dirigido a todos los que no encuentran las soluciones que buscan en el resto de los iconos políticos de sus partidos y del gobierno.

Existen en Estados Unidos millones de conservadores que comparten la ideología de superioridad ante los migrantes, el rechazo a los que no son blancos, a las mujeres, a los no cristianos, a los preferencias sexuales distintas y gente que acude a la asistencia pública. La mayoría de clase media y baja. El efecto que hoy en día la educación sea igualitaria a las mujeres, el mayor flujo migratorio, la reducción de la raza blanca, la aceptación a los de preferencia sexuales distinta, han llevado a este sector conservador extremo a sentirse aislados, incomprendidos en su ininteligible ideología y discurso de superioridad, protegiéndolo bajo la figura jurídica de la libertad de expresión.

Este sentimiento conservador retomo fuerza de manera inusitada con la ideología anti musulmana después de los eventos del 9/11, Todos estos resentimiento raciales y segregacionistas, Donald Trump ha sabido aprovecharlos para expresar a gritos todo lo que reclaman al sentirse aislados, olvidados e incomprendidos, y así lo expresan con Trump, a través de la fuerza bruta, la intimidación, la agresión, el enojo, sin pena ni respeto alguno a los derechos humanos.

Además ha abierto otro frente. A pesar de compartir este discurso conservador extremo, también Trump recalca una incoherencia con la visión republicana clásica como apoyar a programas como “Planned parenthood”, de Seguridad Social, su visión ante el TTP, así como reducir las utilidades o al menos hacerlos compartir de una mayor manera con el pueblo norteamericano a empresas farmacétucias entre otras. Todo ello ha atraído millones de votantes que a pesar de no ser del grupo conservador extremo, encuentran en Trump alguien que comprende sus necesidades de carencia ante el odio a la clase privilegiada, el corporativo trasnacional, de tal suerte que ha cubierto dos amplios fuertes

Un discurso incoherente, bipolar, racista, antiinmigrante, apartehitista que llevaría a cualquier persona pensante a registrar a un tipo impredecible y a sentir temor, como lo sentimos la mayoría de mexicanos por este troglodita que infunde y propaga, siembra rencor y odio racial y sentimientos xenofóbicos, es verdaderamente preocupante porque parece que nadie lo va a parar como se pensaba en principio que como el pez Trump moriría por su propia boca. Resulta que Trump ha descubierto una mina prodigiosa que subyace en el sentimiento de muchos conservadores norteamericanos, el racismo.

Donald Trump ha sabido llevar una respuesta ante el hartazgo de una sociedad contemporánea deseosa de escuchar algo distinto aunque incoherente e irracional, hasta de muchos latinos que simpatizan con este descarado, soez, agresivo, intimidatorio e intolerante que gana terreno sembrando rencor, odio y sentimientos de venganza con un discurso fascista y nazista. Es un espanto pensar que un hombre así llegue a la presidencia de Estados Unidos porque armaría el caos, la guerra y la destrucción.

Incluso en el parlamento Británico Donald Trump ha dejado de ser una lejana coincidencia y posibilidad, y empieza a ser motivo de preocupación porque Estados Unidos no sólo es un amigo cercano a Gran Bretaña y a Europa, sino es el artífice de la geopolítica y la geo economía global, y lo que piense y haga tiene inevitables consecuencias para los que están cerca de él como México y los que por muy lejos son alcanzados por su enorme poder. La única y última esperanza es que si Trump es candidato republicano, Hylary Clinton se le atraviese en el camino, no deje que pasarlo hacia la Casa Blanca.

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