El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) comenzó ayer una nueva reunión de urgencia sobre la crisis en Ucrania, el tercer encuentro de este tipo en cuatro días, dio a conocer Excélsior.
Rusia defendió ante la ONU la legitimidad de su intervención en Ucrania, que le valió durísimas críticas por parte de las potencias occidentales, mientras que China prefirió mantenerse al margen.
La tercera reunión en cuatro días del Consejo dedicada exclusivamente a Ucrania fue solicitada en esta ocasión por la delegación rusa, que hizo una vehemente defensa de sus acciones en Crimea y las justificó por la “amenaza” que a su juicio pesa sobre los ciudadanos de esa autonomía con gran presencia rusa.
Según el embajador ruso, Vitaly Churkin, grupos “extremistas”, “radicales” y “ultranacionalistas” se han hecho con el control de la situación en Ucrania y tratan de usar su “victoria” para acabar con los derechos fundamentales de parte de la población, especialmente en las regiones del sur y el este.
El gobierno ruso aseguró en el Consejo de Seguridad de la ONU que el depuesto presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, le pidió que intervenga para estabilizar la situación en el país, que se encuentra “al borde de la guerra civil”.
En tanto, el embajador permanente de Ucrania ante la ONU en Ginebra, Yuri Klymenko, rechazó las acusaciones de que en su país se discrimine a las minorías étnicas, argumento utilizado por la Federación Rusa para justificar su intervención en Crimea.
Reacción de potencias
El primer ministro británico, David Cameron, adelantó que Rusia afrontará “presiones diplomáticas, políticas, económicas y de otro tipo” por su intervención militar en Ucrania.
El premier de Canadá, Stephen Harper, sumó sus advertencias a Rusia en el sentido de que podría perder su condición de miembro del G8 si no rectifica su conducta en Ucrania.
“La acción del presidente (ruso Vladimir) Putin ha puesto a su país en un rumbo de aislamiento diplomático y económico, y que bien podría llevar a la salida total de Rusia del G-8”, dijo Harper.
En tanto, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) anunció una nueva reunión de emergencia sobre Ucrania a pedido de Polonia que solicitó el encuentro amparándose en el artículo 4 de la organización.
Los 28 embajadores de los países miembros de la Alianza se reunirán hoy debido a que los “desarrollos en y alrededor de Ucrania son considerados como una amenaza a los países vecinos miembros de la OTAN y tienen implicaciones serias y directas en la seguridad y la estabilidad de la zona Euro-Atlántica”, indicó el secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen.
Poder desequilibrado
De acuerdo con el analista y politólogo español Jorge Mestre, la Rusia sin Ucrania puede ser un imperio asiático, pero con ella puede mantener sus aspiraciones de mantener una fuerte presencia geopolítica europea.
Y para Rusia, históricamente, el sitio donde quiere estar es Europa, con la que tiene una relación de admiración y recelo: admira su cultura, su tecnología, su civilización, pero no sus valores.
Putin se ha presentado ante los rusos como garante de los valores tradicionales de su país, pero estos incluyen una fuerte tradición europea y asiática. La pérdida territorial de Ucrania en 1990 fue un duro golpe a esas aspiraciones, pero uno que no ha abandonado.
En ese marco, la disparidad de fuerzas entre Rusia y Ucrania es considerable, mucho más en la realidad que en el papel, además de que el suministro de gas –procedente de Rusia– hace a los ucranianos mucho más vulnerables a las presiones económicas.
La disparidad se refleja por ejemplo en los “ejercicios militares” que el gobierno ruso convocó a partir del 26 de febrero en una región fronteriza con Ucrania. El ejercicio integró a 150 mil hombres y al margen de que haya servido o no como cobertura a movimientos militares reales sobre Crimea, puso de relieve la abrumadora superioridad rusa.
Con información de AFP, EFE, DPA y Excélsior.


