Entre la marea morada que inunda las calles de la capital, un rostro conocido por su incansable lucha sobresale entre los contingentes: José Castillo, padre de Esmeralda Castillo, joven desaparecida en Ciudad Juárez en 2009.
Su presencia en la marcha del 8 de marzo no es casualidad; es el testimonio viviente de una promesa que cumple año con año desde hace más de una década.
Al grito de “¡No estás solo!”, los diversos colectivos recibieron con abrazos y consignas al señor Castillo, quien se ha convertido en una figura de inspiración para miles de mujeres. Portando siempre la imagen de su hija, Don José marcha con la misma determinación con la que comenzó su búsqueda hace 16 años, manteniendo viva la esperanza de volver a ver a Esmeralda.
”Marcho por mi hija, pero también para que se termine el machismo en México”, expresó durante el recorrido, subrayando que la violencia de género es un mal estructural que debe erradicarse desde la raíz.
Desde la desaparición de Esmeralda en Chihuahua, su padre no solo ha enfrentado la negligencia institucional, sino que ha adoptado la causa feminista como propia, entendiendo que la desaparición de mujeres es la expresión más extrema de la violencia patriarcal.
Foto: Raúl Gutiérrez




